It wasn’t my day.
My week.
My month.
My year.
My life.
God damn it.

28.2.12

Después de diez años, Liz había terminado dejando esa voz como la encontró.



Los invitados no podían pensar con toda la profundidad que aquello implicaba pero estaban preparados para conseguir procesar ideas simples. Los circuitos de Dalia habían conseguido hilar seis palabras.

No podían dolerle, porque tenía el pecho vacío y varios cables de cobre donde correspondía al corazón, pero había perdido su capacidad de analizar nada más.

—Me han tirado a la basura —Repetía, con un siseo inhumano y los ojos de metal desenfocados. No movía más que sus labios deslucidos—. Me han tirado a la basura, me han tirado a la basura, me han tirado a la basura.

El chico llevaba una hora contemplándola en silencio, pensativo. Debía de estar rota.

La idea lo hizo sonreír. Rota.

Como él.

—Me han tirado a la basura, me han tirado a la basura.

—Eh, oye —La llamó. Su voz aguda rebotó por las paredes del contenedor—. Esto no está tan mal, ¿sabes? Yo vivo aquí.

La máquina siguió mirando el vacío, inexpresiva. Él tenía una piedrecita preparada que acertó en toda la frente e hizo un ruido de metal que le hizo reír. Aquello consiguió captar la atención de Dalia. Cerró los labios mientras movía los ojos sólo un poco, tan rápido que daba escalofríos, hasta conseguir enfocarlo.

—Hola.

La máquina no se movió.

— ¿No vas a contestar?

Ni siquiera parpadeaba, pero aquello no bastaba para conseguir poner incómodo al pequeño. Se acomodó en el borde del contenedor, apoyando la cabeza sobre una mano en actitud curiosa, respaldado por diez años de cabezonería. La máquina analizó con dificultad sus facciones antes de asegurarse de que nunca había registrado ese rostro antes en su memoria. Era demasiado rubio, tenía los labios demasiado pequeños y redondos, las mejillas demasiado blancas y los ojos verdes demasiado verdes. Además, en su disco duro no había constancia de que pudieran existir humanos a los que les faltaran piezas. Y aquel tenía un solo brazo.

—Y, vamos a ver, ¿no deberías no estar aquí?

—Me han tirado a la basura.

—Te han tirado a mi basura —replicó el niño, casi soberbio—. Pero, ¿no sabes decir otra cosa?

Interpretó el nuevo silencio como una negativa.

—Soy Liz —Se presentó, balanceando los pies que no le llegaban al suelo al estar doblado sobre el contenedor—. ¿Y tú?

—…

—Tu nombre —exigió—. O sea, no el modelo. El modelo me da igual. Quiero saber cómo te llamas.

—Da…

— ¿Da? ¿Te llamas Da? ¿Quién se llama Da?

—Dalia —Finalizó la máquina con una voz inmutable que le arrancó otra sonrisa al pequeño.

—Dalia es un nombre precioso. Y quiero decir que es un nombre precioso, claro. Pero necesitas una buena reprogramación. Cambiaremos también ese tono de voz, ¿eh? Una chica bonita como tú no debería hablar de una manera como esa. Lo cambiaremos.



( Dos días, una noche en vela y la historia más tonta y de trama más basta que podáis imaginar. Fue divertido. )
  

3 remiendos:

Zazish dijo...

Si es una historia tonta y de trama basta y la escribes tú...
Entonces la que necesita reprogramación soy yo. Sobrecarga de datos.

Por cierto, eso de "Te han tirado a mi basura" ha ganado una fan.

Trinia dijo...

No sé qué me impresiona más, o ella o él o que tú digas que es una historia tonta, porque no tiene pinta de eso.

Well, en todo caso, la parte en que Dalia analiza el chico me ha encantado. Por los ojos verdes (demasiado verdes) y por la falta de datos en su disco duro. No sé, nena, pero el trozo tiene un aire entre cuco y con cierta crueldad que impresiona.

Trinia dijo...
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